Manifiesto

RODIER DESDE 1852

UNA CIERTA IDEA DEL PORTE.

Desde 1852, Rodier cultiva el gusto por las bellas materias, las líneas justas y las prendas que realmente apetece llevar. 
Una Maison que prefiere la evidencia al efecto, la materia a lo superfluo, el porte a la demostración. 
El punto es nuestro lenguaje desde siempre. Fino, envolvente, flexible o estructurado, sigue el cuerpo y acompaña el movimiento. 
A su alrededor, cachemir, cuero, algodón y bellas materias componen hoy un vestuario completo, pensado como un conjunto más que como una sucesión de tendencias.

LO CLÁSICO, NUNCA DEL TODO FORMAL.

A Rodier le gustan los esenciales cuando tienen algo más.
Una proporción inesperada. Un color profundo. Un detalle que desplaza el porte. Un contraste que cambia el equilibrio.
Piezas familiares, pero nunca convencionales.

UN PORTE LIBRE.

La mujer Rodier nunca ha sido una sola mujer. Mezcla épocas, influencias y códigos.
Femenino y masculino. Elegancia y desenfado. Herencia y modernidad.
No busca corresponder a una silueta impuesta. Compone la suya.

PIEZAS QUE PERMANECEN.

Nos gustan las prendas que se reencuentran con el mismo placer. Las que se llevan de otra manera según las estaciones,
se mezclan con las piezas ya presentes en un armario y se vuelven, con el tiempo, cada vez más personales.
Porque una pieza lograda no debería pertenecer nunca a un solo momento.

LO ATEMPORAL NO ES INMÓVIL.

Evoluciona.
Cambia de proporción.
De materia.
De color.
Pero conserva esa evidencia que da ganas de llevarlo hoy igual que mañana.

NADA SUPERFLUO.
TODO PARA LLEVAR.
TODO PARA CONSERVAR.